Sobre el lenguaje en el teatro árabe argelino (I)

Sobre el lenguaje en el teatro árabe argelino (I)

 

Naima Benaicha Ziani
Universidad de Alicante

 

Mucho se ha hablado y debatido sobre la lengua usada en el teatro árabe1. De sobra es conocido que el teatro es una de las ramas artísticas que puede identificarse más íntimamente con el tiempo en el que se vive. Las obras teatrales responden al período en el que fueron creadas y permiten conocer a fondo los aspectos sociales, políticos, culturales y lingüísticos que rodeaban la vida de su autor. De ahí el hincapié en el lenguaje y su importante papel en el teatro.

Históricamente se sabe que el teatro árabe2 nació en el seno de los rituales religiosos, donde acumuló experiencia colectiva que refleja el efecto entre el actor y el público. Se emplea el lenguaje para transportar la idea del escritor al público, y no se diferencia de los gestos del actor para expresar y transmitir dicha idea. El lenguaje como fenómeno de voces y tonos es como un traje que complementa la personalidad y la decoración del escenario que describe el lugar.

El lenguaje es una herramienta de expresión, pero no solo, ¿cómo de fuerte es esta herramienta?, ¿en qué consiste?, ¿de qué manera sale del artista para alcanzar al receptor? Y, ¿Son las reglas del lenguaje teatral adoptadas por él mismo, o cualquier lenguaje puede crear significado para alcanzar la meta deseada?

Si seguimos la evolución del teatro árabe, encontramos el problema de que el uso del lenguaje en su expresión teatral ha creado duros debates y posturas muy diferenciadas entre los críticos literarios. Para superar este problema hace falta una “unión” que pueda ser comprendida por los árabes en general. El árabe clásico no se entiende en los círculos populares debido a la persistencia del analfabetismo pero sobre todo porque no se emplea en la vida diaria, sin embargo ha sido el lenguaje de la cultura, la literatura y la civilización.

El asunto del lenguaje teatral ha quedado como algo a lo que los autores y escritores han de enfrentarse. El escritor Anwār al-Ma‘dawī3 habla sobre el funcionamiento del lenguaje de los cuentos y el teatro:

Estamos en el proceso de ver la composición de la narración en árabe clásico, para simplificarlo y que la expresión no resulte difícil para el hombre de a pie o para los que no han recibido una educación en árabe clásico; los diálogos entre personajes, ya sea en la obra escrita o en su representación, deben ser escritos en la misma lengua hablada por los personajes en la vida real, o en otras palabras, el lenguaje de la vida diaria. Para nosotros el horizonte es el doble objetivo de, por un lado, asegurar el mantenimiento del concepto técnico en el proceso imaginativo de las historias y, por el otro, el buen estado de la investigación sobre la respuesta del público respecto al contenido literario.

Años más tarde, y a este mismo proceso, se sumaron otros dramaturgos árabes. A modo de ejemplo, citaremos al omnipresente, gracias a sus valiosas contribuciones en colocar al teatro donde se merece, Abdelkader Alloula4, autor de varias obras escritas en la lengua del pueblo.

Mientras tanto, otro grupo busca solucionar el problema reconciliando las dos posturas estableciendo un llamado “tercer lenguaje” oficial. Un experimento llevado a cabo por Tawfīq al-Ḥakīm5, con su representación teatral El gaitero, en su propio ambiente egipcio ―rural― empleando un árabe dialectal, y después con La canción de la muerte en árabe clásico, y tras la presentación de ambas obras llegó a la conclusión de que el uso del árabe clásico hace la obra adecuada a la lectura; pero su representación requiere su traducción al lenguaje que la gente habla. Al-Ḥakīm escribe en el epílogo de su obra El Acuerdo:

El uso del [árabe] clásico es aceptable en la lectura de la obra, pero si la representación requiere una traducción a la lengua que la gente pueda hablar, el [árabe] clásico no es el lenguaje definitivo para todas las situaciones.

El teatro no es un arte de lectura y audición solamente, es también el arte de lo “invisible”, se dirige al mismo tiempo a todo un gran grupo de gente con diferentes gustos, culturas e ideas. Tiene que comunicarse con todos ellos y su deseo de admirar la belleza, el placer y la cultura. El arte del teatro debe ser un auténtico reflejo de la vida de las personas y los asuntos sociales, y que expuesto directamente a estos asuntos, alcanza la comprensión del sufrimiento humano universal.

 

Notas:


1  Manuel Gómez García (ed.), Diccionario Akal de Teatro, Madrid, Akal, p. 807.

2 Véase Mohammed Habib Samrakandi, Le théâtre arabe au miroir de lui-même et son contact avec les créations des deux rives de la Méditerranée, Tolosa, Presses Univ. du Mirail, 2008.

3 (Mahdia, 1920-1965) Escritor y crítico literario. Conocido más por su labor de crítico de la literatura árabe que como periodista o escritor que fue.

4 (Ghazaouet 1939- Orán 1994). Se le reconocen varios trabajos en diversas disciplinas, todas ellas relacionadas con el arte, un arte que le convierte en uno de los mayores autores de su generación, en Argelia y todo el Magreb.

5 (Alejandría, 1902-El Cairo, 1987) Escritor egipcio. Vivió en Europa hasta 1928. Ganó celebridad fuera de su país gracias a sus obras dramáticas La gente de la caverna (1933) y Edipo rey (1949), utilizando en ocasiones el dialecto local y con estilo sencillo.