Lope de Vega, Los cautivos de Argel, edición de Natalio Ohanna

Lope de Vega,
Los cautivos de Argel,
edición de Natalio Ohanna,
Barcelona, Castalia, 2016, 336 pp. [ISBN: 978-84-9740-789-2]

 

La literatura de cautivos ofrece sin duda interesantes viñetas sobre las relaciones peninsulares con el norte de África en los siglos de oro de la cultura hispánica. En una España donde la construcción identitaria se estaba imponiendo, entre otras formas, inquisitorialmente, los flujos migratorios entre ambas orillas no podían sino ser extremadamente permeables. Y en un escenario de ruina económica y social para miles de musulmanes ibéricos ―también para judíos―, la economía clandestina, no regulada, en verdad el contrabando, el secuestro y extorsión, y llanamente la piratería, o su “regulación” corsaria, suponían muchas veces la forma más socorrida de subsistencia. Este panorama es el que nos pinta Lope de Vega y Carpio en la comedia aureosecular Los cautivos de Argel, escrita en 1599 pero publicada por primera vez en la parte veinticinco de las obras del Fénix de los ingenios, aparecida en Zaragoza en 1647. A primera vista destaca sin duda el paralelismo con las obras cervantinas de similar temática: El trato de Argel (1582) y Los baños de Argel (1615). Era necesario por lo tanto rescatar la obra lopesca y ubicarla correctamente en el contexto histórico-literario de la época, lo que realiza el editor Natalio Ohanna con verdadera maestría. No sólo recupera, contextualiza y dignifica la obra del Fénix, sino que con ello recompone el conjunto de la literatura de cautivos.

En efecto, Los cautivos de Argel no sería una obra apócrifa, dudosa o, en todo caso, menor y de escasa valía de Lope de Vega, sino que su autoría quedaría completamente atribuida por varios aspectos propiamente lopescos: fórmulas y frases (la mosca, 2556; Muley Arambel, 2548), leyendas (espada de Damocles, 259; venciste Galileo, 450; Prometeo, 2075) y convenciones teatrales (cierre musical y zambra, 973; uso del moro gracioso, 2529; respeto siempre a la nobleza, 2304). El contexto de la redacción de la comedia serían las reales bodas celebradas en Valencia el 18 de abril de 1599 entre Felipe III y Margarita de Austria, y el archiduque Alberto con la infanta Isabel Clara Eugenia, hermana del rey, organizadas por el marqués de Denia Francisco de Sandoval y Rojas: “Porque Felipo Tercero,/ que Dios muchos años guarde,/ ha estado en Denia estos días,/ que fue a Valencia a casarse” (2781-2784). Se sabe que Lope de Vega acudió a las mismas y permaneció en Valencia durante tres meses, y que los monarcas, invitados naturalmente por el futuro valido duque de Lerma, estuvieron en la completamente rodeada por moriscos ciudad de Denia.

No parece baladí por lo tanto la situación social valenciana para unas comitivas madrileñas que se sorprenderían por la heterogeneidad humana de la región. Era necesario exaltar consecuentemente ideas a favor de la política del católico monarca y frente a los enemigos, en este caso valenciano, el corso argelino y la posible connivencia morisca. Y precisamente, para emplear las tintas, o cargar las tintas, había ido Lope de Vega allí, escribiendo parte de los recitales de las bodas, y cómo no, comedias para el caso: “Español. “¿Quién no se espanta?/ Español. ¿Quién se ve huir?/ Español. ¿Quién rico esclavo?/ Español, quien nos da muerte. Español, quien es más fuerte” (2767-2771). En la misma escena se señala que se está representando una comedia en el baño argelino por los hechos que acontecieron en Denia. Posiblemente se trate de un recurso metateatral, de teatro dentro del teatro, pues la comedia Los cautivos de Argel posiblemente se compuso para ser escenificada en Denia: “Que prueban una comedia/ allá a la usanza de España” (2758-2759); “A Denia enfrente miráis,/ que este mismo mar la baña,/ donde desde Argel se ven/ en sus castillos los fuegos/ entre los nublados ciegos/ de la noche || Pues ¿por quién?” (2775-2780). Es aquí el momento en el que el rey de Argel se da cuenta del poder del rey de España, pues desde su solar puede contemplar en la otra orilla las luces de los fuegos artificiales. En fin, el cariz laudatorio, tanto para el monarca como para su monarquía hispánica, es evidente.

Un segundo aspecto magníficamente destacado por Natalio Ohanna es el fin propagandístico de la comedia contra los moriscos. En un momento en el que se estaba fomentando una imagen traidora, colaboracionista e infiel del morisco, como quinta columna otomana y renegados al servicio de Argel, Lope de Vega parece no tener dudas de cómo tratar la materia teatral heredada de Cervantes. No es que se trate de una refundición de El trato de Argel, sino que se actualizan los materiales a un contexto diferente. Francisco, morisco valenciano, es convencido por el corsario Dalí para pasarse a Argel y ganar dinero rápido en las correrías por la costa valenciana. Así lo hace llamándose Fuquer, lo que le costará ser apresado y condenado a la hoguera por la Inquisición. En represalia, el padre valenciano Felis Castelví, del hábito de Montesa, cautivo en Argel, fue igualmente condenado a la hoguera.

Este trasunto tiene su origen verídico en el martirio de fray Miguel de Aranda, del hábito de Montesa, acontecido el 18 de mayo de 1577 y del cual Miguel de Cervantes fue testigo. Lope de Vega privilegia este acontecimiento en Los cautivos de Argel, siendo el eje principal alrededor del cual giran los líos de amores y celos típicos de las comedias, en este caso entre amos y cautivos, entre Solimán y Marcela y Aja y Leonardo, y los episodios graciosos entre el sefardí Brahín y Basurto. Pero para Lope, el episodio principal es la “traición” del morisco Francisco, su condena “justa” por la Inquisición, y la muerte martirial de Felis Castelví, momento en que la comedia parece más una epopeya hagiográfica, además todo puesto en boca del personaje Sahavedra, quien concluye el episodio con un rotundo soneto (2066-2080) exhortando a la conquista de Argel:

Si llegase, Felipe, a tus oídos
de veras nuestro llanto lastimoso,
y si tu augusto corazón piadoso
moviese el ¡ay! de tantos afligidos;

si de tu sol los rayos encendidos
tocasen este limbo temeroso
y el ceptro de tu brazo poderoso
fulminase estos bárbaros vencidos;

si a un risco a las cadenas prometeas
estos ladrones del mar atases,
sus viles naos fuesen las de Eneas;

si a sus lunas tus cruces enseñases,
¡quién duda, pues de Europa te laureas,
que Africano Felipe te llamases!

La invasión de Argel es un tema ya presente en la obra cervantina, pero la insistencia en la cuestión morisca es algo que excelentemente revela la edición de Natalio Ohanna, no sólo en la magnífica introducción, sino en la inclusión como anexos de los documentos ―reproducidos en edición paleográfica― del expediente inquisitorial contra Abdelá Alicaxet, morisco de Oliva de nombre cristiano Francisco, personaje real en el que se basa el lopesco Francisco-Fuquer. Ya no estamos solamente ante una magistral edición crítica de una comedia del Siglo de Oro, sino que el volumen de Ohanna ofrece más, un material histórico de enorme valía para entender la vida de ciertos moriscos, su vinculación al corsarismo argelino, y la acción propagandística realizada en las letras españolas, por nada más y menos que el Fénix de los ingenios, siguiendo a Miguel de Cervantes. Acción propagandística porque en Los cautivos de Argel Francisco muere arrepintiéndose en la hoguera (y supuestamente volviendo a la fe cristiana: “¡Ah, patria! Justo castigo,/ pues vine a ser tu enemigo/ y en tus entrañas nací”: 1061-1064) mientras que Abdelá Alicaxet persistió en su condición de moro. Al menos así es como lo interpreta Ohanna: “Frente a esa otra España desemitizada, Abdelá no claudica. Morir en la entereza de sus convicciones significaba para él un triunfo, del mismo modo que lo había sido ayudar a tantas familias a cruzar el mar. Abdela Alicaxet no se rinde, no reniega, ni por las artes de la Santa Inquisición ni por el fuego. Él es morisco y lo tiene bien claro. Fue sin embargo el teatro, mucho tiempo después y en aras de la inminente expulsión, lo que le quitó esa gloria” (p. 31).

En conclusión, nos encontramos ante un excelente instrumento bibliográfico para replantear nuevas cuestiones sobre un tema que se pensaba bien cerrado y sin mayor transcendencia, el de la literatura de cautivos. El volumen de Natalio Ohanna recupera en una bellísima edición la comedia Los cautivos de Argel como pieza indiscutible del teatro de Lope de Vega, y contextualiza la acción propagandística del Fénix a favor de la monarquía y la nobleza española y frente a minorías que, como el ejemplo de Francisco-Fuquer demuestra, pueden ponerse del lado del rey de Argel. En cualquier caso, la convención también prevalece ―hoy quizá lo llamaríamos “síndrome de Estocolmo”― y Sahavedra concluye enalteciendo al rey de Argel: “Mahoma, señor, te ensalce. Gran turco vengas a ser,/ y nunca de tu linaje/ salga esta gran monarquía” (2824-2827). Tal vez aquí habría que ver las convenciones de la novela y romances moriscos en la literatura de cautivos. En cualquier caso, Ohanna abre nuevos interrogantes, como la posible respuesta con Los baños de Argel que Cervantes hizo a la obra de Lope, igual que contestó al Quijote de Avellaneda. Se trata pues de una pequeña joya con múltiples puntos de vista, que muy acertadamente Castalia pone a disposición del gran público en una edición ejemplar.

Isaac Donoso